Monday, February 21, 2011

Otra Latinoamérica


Por Malva Flores

Antología realizada por: Rodolfo Mata y Regina Crespo
Título: Alguna poesía brasileña. 
Editorial:  UNAM, México, 2009. 
Prólogo: Rodolfo Mata

Resulta común pensar la poesía brasileña del siglo que recién terminó como un puñado de nombres que nuestra memoria sitúa ligados al movimiento de vanguardia o a la tan recordada “Semana de Arte Moderno”, que se efectuó en São Paulo durante el mes de febrero de 1922 y de donde surgió, para la poesía brasileña, el nombre de Oswald de Andrade y, posteriormente, los de Cecília Meireles, Murilo Mendes, Drummond de Andrade y João Cabral de Melo Neto, por mencionar a los más representativos. Más acá, Décio Pignatari y los hermanos Augusto y Haroldo de Campos –unidos al movimiento de la Poesía Concreta del grupo Noigandres– nos son también familiares y conocidos. Después de ellos, el lector común de poesía en México se había enfrentado, hasta hace poco, a un desierto de ediciones que, gracias a la traducción a nuestra lengua, nos permitiera acercarnos a la poesía más reciente del Brasil.

Como bien lo señala el excelente prólogo de Alguna poesía brasileña, son pocas las traducciones de poetas brasileños en nuestro país. Así también, y más allá de las selecciones publicadas por Ángel Crespo, Miguel Ángel Flores o Bela Josef, son muy escasas las antologías de esta poesía en nuestra lengua. Esto ha cambiado un poco en el nuevo siglo y podemos encontrar algunas de ellas publicadas en Argentina o España y más recientemente, en 2007, Caos portátil. Poesía contemporánea de Brasil, editada en México por Ediciones El Billar de Lucrecia.

Consignando a 25 autores, cuyas fechas de nacimiento van de 1935 a 1963, Alguna poesía brasileña presenta un amplio espectro que permite al lector conocer y reconocer, en las propuestas más recientes, una línea conductora: origen tal vez de una renovación del ecosistema poético brasileño que, como advierte el prólogo, “se encuentra en un momento de valoración y revisión de los orígenes de su modernidad, el canon surgido de la Semana de Arte Moderno y los encuentros y desencuentros con los papeles fundamentales que jugaron las vanguardias como el Concretismo y la llamada poesía marginal”.
                           
Jugando con un título que me gusta porque se niega a ofrecer una visión totalizadora que dejaría de lado el elemento esencial de la poesía: su particularidad, esta antología discute, critica o dialoga con otras selecciones y prólogos. Nos ofrece un panorama de las tensiones al interior de la poesía brasileña y, también, la solución de continuidad en sus diversas vertientes. Su atinado deslinde en medio de la abrumadora vastedad del panorama poético brasileño conforma un entramado consistente que recoge, pero también selecciona y distingue, las voces que a juicio de los antologadores representan no un solo camino o una tendencia única, sino el crisol de posibilidades en el vitral de la poesía de aquel país 


La antología se vuelve entonces una plaza, un sitio donde conversan las palabras pero también las visiones. Y podemos oír aquellas que se expresan desde la escritura de corte social o el coloquialismo hasta las que reconfiguran la palabra poética como un salto en el abismo de la forma, aunque esta forma pueda ser concebida también como la letra de una canción. Poema, metapoema, música, imagen e historia dialogan para hacernos evidente un espacio con nombre talismánico: Brasil. Pero también, platican con nosotros, nos ayudan a ver las afinidades y discrepancias con nuestra propia tradición poética. Podemos reconocer entonces las palabras de Antonio Carlos de Brito, Cacaso, cuando dice que el poeta no se conforma con desconocer todas las formas de Ricardo Aleixo nos recuerda que “La poesía es pan (para / el espíritu, dicen) pero atención: / el panadero de la esquina obesa / vive de lo que hace; el más / fino poeta, no. [...] / Los poetas (puesto que viven / de brisa) hacen del No, thanks / su estribillo.”

Hasta aquí el esqueleto y paisaje de este volumen que resulta esencial para entender; y subrayo esta palabra porque entender es una forma de hacer visible lo que nos rodea y lo desconocido. A eso aspira la poesía en su sentido más dilatado, en sus más anchurosas vertientes.

Debo decir que tuve el privilegio de leer este libro antes de que fuera publicado. La generosidad de sus autores me permitió conocer el intrincado proceso de su confección, la apasionada tentativa por hacer de un cuerpo de palabras, una figura asible y por lo tanto, nuestra. Con la curiosidad de quien todo desconoce fui testigo de las múltiples versiones: acercamientos al animal poético que a veces parecía huidizo, áspero, hasta que se reconciliaba con su perseguidor y surgía –al fin a nuestros ojos– el poema.
Si la poesía es otra forma de leer el mundo, traducirla es releerlo, pero también escribirlo de nuevo, presentarlo ante nosotros transparente, mas vestido con nuestra carne, con nuestras palabras. “Entender es traducir”, ha dicho George Steiner. Escribir es traducir: hacer visible.

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